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Cuando vemos que un anciano no quiere comer lo más sencillo es pensar que está desmotivado, o deprimido, etc. Sin embargo, antes de tomar medidas personales como cambiarle la dieta o suministrarle vitaminas, lo primero es llevarle al médico.

Las causas de la pérdida de apetito en personas mayores se puede deber a diversos motivos y circunstancias, y los médicos son las primeros que habría que analizar. Luego los psicológicos.

Entre los motivos médicos relacionados con la falta de apetito en la tercera edad se encuentran los siguientes:

    • Una enfermedad seria: cáncer, diabetes, problemas serios en algún órgano, como corazón, pulmón, riñón, etc., y/o las consecuencias de una medicación fuerte relacionada con ello.

    • Problemas del estómago o del intestino: úlcera, gastritis, fuerte reflujo, etc.

    • Problemas relacionados con la salud bucal o dental, que le impidan comer o tragar, bien problemas mecánicos o de sequedad del conducto.

En estos casos, es el médico que debe recomendar qué tipo de medicación hay que suministrar al anciano, o que tratamiento se le debe aplicar, bien médico o psicológico.

Entre los motivos psicológicos pueden aparecer los siguientes:

    • La depresión.

    • La sensación de soledad, aislamiento o abandono, por ejemplo, cuando a un anciano se le lleva a una residencia.

    • La reciente pérdida de un cónyuge o hijo.

Sea cual sea la causa, también podemos acudir a un especialista en nutrición para que elabore un plan de alimentación adecuada a las necesidades y disposición del anciano. Y es aquí donde nos pueden recomendar apoyos vitamínicos.

Algunas vitaminas que podrían ser útiles para el anciano en esa situación son:

  1. Vitamina C: Presente sobre todo en los cítricos, y necesaria para que se absorba el hierro, prevenir problemas de anemia y del sistema inmunológico.

  2. Vitaminas del grupo B: Todas necesarias, pero sobre todo la B12 (presente en la carne, lácteos, y huevos) porque hay ancianos que tienen dificultades para absorberla a través de la alimentación, o porque no pueda comer carne por los motivos mencionados.

  3. Vitamina D: Presente en pescados como el salmón, y el atún, s u carencia suele venir motivada porque el anciano no sale a la calle y no toma el sol, que es cómo se produce de mayor manera, añadido, como con la vitamina B12, que el anciano tenga dificultades para absorberla a través de la alimentación.

  4. Vitamina E: Presente en los aceites vegetales, nueces, espinacas, etc., actúa como antioxidante y para reparar el daño causado por los radicales libres.

    Pero, ¡cuidado! No podemos suministrar, sin ton ni son, vitaminas para ancianos que no quieren comer, sobre todo porque hay suplementos que pueden interactuar con los medicamentos que esté tomando, además de que un exceso de vitaminas o minerales (calcio, magnesio, etc.) puede ocasionar el efecto contrario al deseado. Y esto vale también para los no ancianos, claro.

    Además, no podemos reemplazar alimentos naturales de la dieta por complejos vitamínicos si el anciano puede digerir esos alimentos. Es decir, los aportes externos de vitaminas, minerales, etc., no se deben usar como sustitutos de una alimentación saludable. Es mejor echar imaginación y crear una dieta lo más equilibrada posible. Cuanto más natural, mejor.